Las desviaciones de mis conversaciones se propagaban lentamente por su piel. Me ofendía cuando decía que no pensaba en nada. Incluso hoy, sigo pensando en ti.
Es curioso como funciona la memoria, hay retazos de imágenes tuyas pululando por toda mi habitación, y sin embargo jamás estuviste aquí.
En mis ganas por transfigurarte a mi placer, hizo que en su momento sintiese la necesidad de escribirte esta especie de declaración. Empecé por una bonita descripción de aquella habitación tuya, por los libros apoyados en la pared, por las tendencias de aquellas conversaciones; conversaciones cuyos contextos no sé definir, incluso parece ser que no puedo recordar ni una sola conversación al completo. Y es tan frustrante.
Cierro los ojos y pienso en aquellas sábanas en blanco, casi tanto o más que este folio en el que no sé exactamente que escribir.
Yo que sé. Siempre fuiste una bonita voz en esta mente tan caótica. Demasiada paz para leerte entre líneas. Y como no, con esa tendencia tuya a morderte las uñas. Ansia viva de comerte el mundo.
La primera vez que intenté escribir sobre ti, se parecía más a esas listas de la compra. Muy bien definida en concepto, muy mal transmitida en sentimientos. Realmente era tristísimo. Y como siempre, me sentía injusta. Sé que mi comportamiento nunca fue de los mejores. Por eso siento que te debo esto al menos: una bonita descripción para empezar. Porque he de confesar; que nunca hice lo mejor para ti, siempre hice lo mejor para mi.
Que te voy a contar yo de los miedos, de los egoísmos y de esas frases de niña consentida. Seguro que no soy ni la primera, ni la última. Pero sí la que escribe esto.
Y como siempre, en medio de todo esto; este sentimiento de negación constante. Es tan agotador que no hay cabida a análisis profundos, ni a imágenes más claras. Incluso una que otras veces, viene acompañado del miedo. Cuán angustioso es, que necesita de las mentiras para sobrevivir.
La verdad, es que yo siempre quise echarle la culpa a los astros de todo aquello que no sucedió. Porque aún teniendo tantas cosas en común, no había nada en común.
Tú tan signo de agua y yo tan signo de fuego.
El tiempo pasa deprisa. Y tengo la sensación de que han pasado sólo algunos meses, cuando en realidad han pasado años.
Lo cierto es que nunca he creído que el tiempo lo curase todo. De hecho creo que el tiempo mitiga sonidos, colores y verdades. Tal es así, que el impacto que tiene sobre nosotros y los recuerdos, dejan de ser reales para pasar a ser imaginarios.
Lo cierto es que nunca he creído que el tiempo lo curase todo. De hecho creo que el tiempo mitiga sonidos, colores y verdades. Tal es así, que el impacto que tiene sobre nosotros y los recuerdos, dejan de ser reales para pasar a ser imaginarios.
Y esa es una de las razones por las que escribo hoy de ti. No precisamente para olvidarte, es más bien para recrearte en mi mente y terminar de trazar alguna que otra imagen que sigue sin tener forma de tanto transfigurarte.
Incluso, me gustaría creer que todo esto también te sucedió en su día con todo aquello que decidiste guardar para ti, y que al igual que yo; decidiste darle forma a gusto de tus recuerdos.
Pero ya sabes, yo también me equivoco.

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