miércoles, 19 de noviembre de 2014

Azul

Me quedaba siempre mirando al vacío.
Pero hoy el vacío estaba dentro de mi.

Partí las galletas en dos, y veía ir y venir a los peces.

Casi que os entiendo. Bonita laguna; aunque vosotros no elegisteis llegar aquí.

Pero yo sí.

Los miraba y me miraba ahí; en grupo y solos, rogando por la migaja… cuando sabía que me merecía la galleta entera.

La galleta.

Toma una decisión, una que te satisfaga. ¡Joder, tómala ya!

Rodeada de sillas. Azules para ser exactos. Hoy era el día. El puto día de evaluación.

—Bueno, según veo has elegido suficiente como respuesta; ¿tú crees que quieres evolucionar en esta empresa?
—No lo sé.
—¿No lo sabes?, ¿Y eso?
—Que no creo que este sea el trabajo de mi vida.
—Bueno, supongo que esa es tu opinión.

Por supuesto que era mi opinión. No sabía nada de mi, y teníamos que hablar de mi.
La mierda esa de hablar de mi, de querer que sepa quién soy.

¿En serio?. Ni yo lo sé. Y dos horas de preguntas como: “Comprende la dinámica de la realidad en situaciones habituales y de la vida corriente.” No iban a decir quién era. O sí.

Pobre peces, ahí dando vueltas a la espera de unas migajas.
¿Serán felices los peces?
¿Seré feliz yo?

¡A la mierda!
Había tomado una decisión.

Caminé sin tartamudear; directa a su escritorio, decidida a decirle mi opinión sobre quién era en verdad; cuando sin mediar palabra, me hizo un gesto para que la siguiera a la sala de reuniones, por fin nos sentamos y me dijo:

 —Estos son tus resultados; estas sobre la media. Aunque hemos de preparar un plan de acción blablablá... ¿Entiendes lo que te quiero decir?

Y una vocecilla dijo: El año que viene no estaré aquí.


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